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_____El blog de los Cuarentones

DELETREANDO AUSENCIAS

DELETREANDO AUSENCIAS

  

Voy por estas avenidas que anuncian verano por heridas de luz, todo alarga sombras dentro de mí, llevándome hacia lo que se pierde; porque todo fue un instante.
  

El aire metropolitano de sol y de silencio está lleno de ausencia, de precipicios desde la lejanía de los cielos ciudadanos.

Las luces del centro se iluminan para otros, los bancos de un día ya no proyectan sombras y los pasos sobre las aceras tampoco explican nada.

Soy la necesidad de una duda. Al borde de las horas se deshace matemáticamente esta muda corriente: vértice inapelable que me señala y me dicta. Hacia el segundo insostenible alguien me llama. La distancia se abre en la oscuridad de esta niebla, de esta vieja e inútil historia de días.

  

Bajo una fatigada claridad la luz vuelva a ser otra vez eléctrica. Ni brilla ni se apaga. Me hace saber que las cosas ocurrieron cuando todo ya había sucedido. Es posible que ni estas calles, ni su trazo me digan ya gran cosa. Pero no acusaré jamás a la vida, a sus colinas siempre extrañas, siempre lejanía.

Escucho en una edad ausente mis palabras, ya no me ilusiono a la vieja manera. De las cosas más sencillas no hago historia.
Tengo la sensación de haberme despertado hace muy poco. No sé lo que haré más tarde, en la extensión del tiempo sin salida...

Que tengan una buena tarde, señoras y señores

Hetaira, donde todo es plano de tan profundo.

18/5/2005  

RE: LE BESO 

No alcanzo a entender el porqué, sólo recuerdo una difusa y absurda obstinación, pero cuando era pequeño rechacé la lectura y me negué a leer. No había persona en este mundo que tentara mi interés por las letras y los intentos de la familia no consiguieron hacerme bajar de mi posición de rebeldía.

Fue mi tía Ubidia la que intuyó una alternativa compatible con mi particular manera de razonar el mundo, y las templadas y olorosas noches de mi tierra las ocupó en mostrarme aquellas revistas proscritas y en deletrear una obscenidad tras otra con una persuasión que todavía despiertan mi codicia y avidez por algunas palabras.

Algo similar me ocurre con el foro donde, salvando las distancias, usted es mi tía Ubidia. En este mundo, donde los parámetros del prestigio y del mito se deben a la composición armoniosa de las letras, las suyas son tan peculiares y gozan de tanta autonomía que cada lector puede hacerlas suyas de la manera que lo desee. Yo, permítame la osadía, me siento estremecido cuando las leo y las reacomodo prestamente para que aparezcan voluptuosas y apasionadas.

Siga escribiendo para que este lector pueda disfrutarla y enviarle un beso lascivo e impúdico que consiga estremecerla con fruición.

-Eneas- 

 

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