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_____El blog de los Cuarentones

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Aquella película cuyo nombre no puedo recordar había comenzado y el cine, casi vacío, se hallaba en penumbra, sólo cortada en ocasiones por el haz de luz de la linterna del acomodador. Ella, conocida forera con la que quedé citado (la “Dama P”), se encontraba a mi izquierda recostada en su cómoda butaca.
 
La oscuridad con su dulce manto permitió el roce de nuestras manos, primero torpe, ocasional y después deliberado y sensual para terminar entrelazando los dedos con fuerza y augurio de deseo. A las manos siguió el desliz de nuestros húmedos labios que se andaban buscando desde el cuello trémulos de pasión.
 
Un golpe de erotismo me llevó a deslizar suavemente mi mano hasta su rodilla derecha y comprobé (aunque ya lo suponía) que no llevaba medias sobre aquella piel tersa y suave. Me aventuré a subir lentamente la mano por su muslo esperando encontrarme con sus bragas, ¡Ahhhh...! ¡el tremendo misterio de las bragas de la Dama P!, y me enredé jugando con el elástico mientras sentía el contacto de los vellos más próximos a aquella fuente de calor.
 
La Dama se removió inquieta en su asiento e inesperadamente colocó su mano sobre mi pantalón (inenarrable sensación...), la desplazó por mi entrepierna palpando el miembro enhiesto sobre el que se permitió ejercer una ligera presión que me provocó sensaciones de placer inmenso, ...placer que fue subiendo de tono cuando noté cómo desplazaba con maestría el cursor de la cremallera e introdujo varios dedos hasta rozar con sus yemas el miembro que se adivinaba erecto y duro detrás de la prenda de nylon.
 
Las butacas próximas seguían vacías y casi sin pensar me arrodillé frente a ella para colocar mis labios en su rodilla izquierda, luego la derecha, y pasar de una a otra, cada vez más distantes entre sí; besé sus muslos y deslicé mis brazos por el contorno de sus bien formadas piernas hasta llegar con mis dedos a la cintura e iniciar el seductor y fastoso viaje de la bajada de la prenda reina por antonomasia.
 
Ella elevó sus nalgas lo suficiente para permitirme deslizar la diminuta prenda hasta llevarla a descansar en sus tobillos y se reclinó en su asiento todo lo que el pasillo le permitía, cachonda, pasando las rodillas por encima de mis hombros y dejando al alcance de mis labios una vulva húmeda y palpitante.
 
La lujuria llevaba mi lengua de crápula, sentí sus manos posarse sobre mis cabellos y en la antesala del éxtasis percibí cómo se arqueaba su espalda y entró en una explosión de placer llena de espasmos contenidos acompañados de gemidos sordos, y ya... ya no pude aguantar más... abandonándome en los brazos de la santa delectación y al goce de los jugos más exquisitos, que, ungidos con mi propia saliva, dejaron un sabor y un olor hasta hoy imborrables.
 
A mi vuelta del baño “la Dama P” seguía sentada en su asiento, terminamos de ver la película y nos despedimos con un sentido beso. Pensaba que la ocasión bien hubiera merecido el trofeo de aquellas diminutas bragas y andaba precisamente de lamentaciones cuando noté algo raro entre la lengua y el paladar: uno no... dos pelitos negros y rizados que en mi boca se habían quedado, ¡créanlo oiga! ésos que, como ya imaginarán, tendrán un lugar destacado en mi vasta “colección de pelitos del chichi”. 
 
Que disfruten de una buena sesión.

   

Castelar-

 

2 comentarios

Analysta -

Así es, Sakkarah. Para mí, es uno de los personajes que dejó un vacío difícil de rellenar. Creo que fue querido y odiado al mismo tiempo; en suma, un incomprendido.

Me alegra encontrarte en esta que también es tu casa. Es un lujo disfrutar la visita de una forera que además de constituir un mito en nuestro foro, aún se mantiene activa.

Un cordial saludo y mi mejor sonrisa.

Sakkarah -

Castelar y sus famosas bragas.

No es extraño que sea todo un mito en los foros, alguien que escribe tan bien.