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_____El blog de los Cuarentones

ÉL

ÉL

Él, que decidió hacer felices a los demás dejando su vida en ellos, ya no podía casi andar. Sus pasitos cortos, arrastrando los pies y cargado de compra. Sentado en su silla cortaba sus cartoncitos para la eternidad, todos de igual medida. Al despertar, sentado en la cama, miraba por el gran ventanal durante largo rato. ¿Dónde irían sus pensamientos? Siempre nos decía: ? Esto se acaba?

Restábamos importancia a sus dolores, hasta que sus delgadas piernas dejaron de responder. Con su silla, y con su bolsa, ocupaba un lugar en el bar para invitar a su familia. Siempre pendiente de pagar, que nos les faltara de nada.

No queriendo molestar, al levantarse pretendió sujetarse solo mientras le hacían la cama. Sus piernas le fallaron rompiéndose una pierna. De nada servía la escayola en un hueso que nunca uniría. El cáncer se los había invadido.

Ocho meses postrado en una cama de un hospital, no quería leer sus novelas de vaqueros, ni rellenar sus crucigramas. Sólo pedía un reloj a la vista para ver pasar las horas. Horas eternas, día a día, segundo a segundo, con su mirada puesta en el

Se repetía una y otra vez: ¿Por qué no me lleva de una vez?

Cuando llegó su hora, estaban todos a su alrededor susurrándole lo mucho que le amaban. Se fue en los brazos de su mujer. Su beso fue el paso a esa gran palidez que deja la muerte

Sakkarah

 30 / 1 / 2005 

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