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_____El blog de los Cuarentones

¿QUÉ TENDRÁ LA PRINCESA?

¿QUÉ TENDRÁ LA PRINCESA?

     

Nunca tuve reinas. Ni princesas. Ni idealicé el infinito de la eternidad como selva perenne poblada de helechos arborescentes húmedos de rocío. Ni en sus frondes lanceados ni en sus oblongas partes. Ni siquiera en la sazón de sus raíces.
 
Hubo, sí, pasión y desenfreno, brillo y encanto, lascivia y deseo, calidez y ternura, complicidad y juego, amistad y entrega. Frescas y exquisitas complacencias inventadas entre dos, al albur (quien sabe si) de amor, a base de darle saltos a la vida y a las conciencias. Las suyas y las mías.
 
Uno, por falta de aspiraciones y de títulos solemnes, carece de condición, de espíritu y de ganas para uncirse a través de las palabras, proclamar coronaciones y rondar veleidades que vagan por el etéreo y sideral espacio. Sería difícil acostumbrarse a corolarios provenientes de una magnificación idealizada por aniones rosáceos y pájaros albicelestes de hojalata y de vinilo.
 
Encomiable es el buen gusto en la expresión, la belleza del lenguaje, la imaginación en el uso de metáforas para plasmar una idea y la musicalidad de la escritura. Se agradece con amplia sonrisa la contestación incisiva, inteligente y paradójica. Se disfruta contestando escritos desafiantes, provocativos e incitadores. Y deleitan los sentidos esos párrafos que rezuman sutilidad, harmonía y sensualidad.


Si es así, vale la pena. Pero no, yo no tengo ni princesas ni reinas. Ni me gustan las lealtades impuestas. Ni las que se pagan con favores ni las que se compran con palabras tiernas. Ni me apunté nunca a folklores de prensa rosa aventando pajas y granos.
 
¿Qué tendrá la princesa?

Buenas noches y bien hallados.

  

_Perfido_

   

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